
Tesla casi mejor se debía llamar Edison
Por José Luis Fernández Rodrigo, periodista
Si alguien tiene curiosidad por conocer el origen del nombre de Tesla, la compañía que ha revolucionado en gran medida el sector del automóvil en el mundo, la verdad es que aquella historia daría para una buena novela más película. Nikola Tesla también hubiera merecido el siglo pasado mucho reconocimiento como auténtico inventor de la corriente alterna y asombró a quienes tuvieron la ocasión de verle de cerca con demostraciones de envío de electricidad a distancia sin cables, hasta en parques. Sin embargo, como ha ocurrido tantas veces en la historia, le ganó la partida y le comió la tostada bastante Thomas Alva Edison, quien entró con más honores en los anales como padre de esta energía, cuando en realidad cuentan que copió al otro y sólo fue más avispado a la hora de patentar y registrar.
Lo que tiene la economía de mercado: no sólo hay que ser el mejor, con frecuencia, también se debe ser más pillo. Y de eso me da la impresión de que Elon Musk sabe un rato. De entrada, hizo suya -un poco apropiándose- de la marca Tesla y confieso que, al principio, antes de indagar, supuse que la empresa actual era la heredera de aquel genio de origen serbio nacionalizado estadounidense, algo así como la tercera o cuarta generación de la familia. Qué va. Luego, viendo el talante del personaje, con las fantochadas sucesivas de su compra de Twitter (ahora X, otro fiasco empezando por el cambio de nombre) y más recientemente su incursión en la política, se desvanece aquel prestigio que se había ganado como referente tecnológico.
Por supuesto, sus velocísimos coches se van a seguir vendiendo porque con esa autonomía de muchos kilómetros continúan estando en la vanguardia y avanzadilla de esta industria. Además, creo que han arrastrado a los otros fabricantes a ponerse las pilas. También ha mejorado Elon Musk los acabados y la fiabilidad de estas máquinas. Pero en el otro lado de la balanza, cada vez acumula más despropósitos. De entrada, ha configurado sus automóviles para incluso bloquearlos si tienes un accidente y no quieres acudir a sus repuestos y servicio técnico de reparación. Infumable y espero que la UE y otros le prohíban mantener ese sabotaje, o los mecánicos se lo hackeen, que parece que ya lo han conseguido.
Y qué decir de un tipejo que saluda brazo en alto rollo Hitler a los seguidores de Trump al celebrar la victoria electoral. Aunque si es la imagen que he visto, parece más bien que hace una especie de ‘Ave, César’ apuntado a las galaxias. Su conducta sí se asimila al fascismo, en cualquier caso. Por una vez -espero que sirva de precedente- esos gestos y otros de chulería le están costando una caída de las ventas astronómica. Lo tiene merecido. Algo de “jarabe de guerrilla consumista” le viene bien para ver si al menos no exterioriza esa afinidad con la ideología totalitaria, dictatorial e impropia de una ¿democracia? de talonario. Igual que su propuesta de 120 horas de trabajo semanal, durmiendo in situ y sin volver a casa. Kunta Kinte debe haberse removido en su tumba.
Hasta el presentador carismático despedido de la BBC, Jeremy Clarkson, aquel que nos hacía reír tanto en el programa ‘Top Gear’, le ha “zurrado” ahora al de Tesla mofándose de su debacle. Un ajuste de cuentas porque el magnate le denunció por difamación cuando le dio mala nota a sus coches. Divertido affaire. En fin, una vida de película, la del patético mandamás que entró con un lavabo a cuestas en la empresa que acababa de comprar (Twitter) porque iba a “hacer limpieza”. Eso sí, los agoreros que pronostican casi su ruina por la caída de las acciones en Bolsa…, eso ya es harina de otro costal, como se decía antes. La jungla de las altas finanzas se caracteriza por no regirse por ninguna ley lógica, por mucho que el liberalismo pregone lo contrario y que el mercado se “autorregula”. Ahí la especulación, las maniobras a espaldas del gran público y todo tipo de artimañas hacen que tan pronto se cotice una mercantil como se devalúe. Y si no, al tiempo: cualquier semana de estas suelta por su boca otra mamarrachada Musk y de pronto se revaloriza su imperio empresarial y hasta supera los valores de antaño en sus buenos tiempos. Con tanto idiotizado que idolatra lo de subir el brazo estirado y esos dogmas tan vomitivos de la raza aria (“moros fuera”) o negacionistas del cambio climático, igual hasta recupera sus cifras de negocio, si todo ese ejército cada vez más numeroso se pone a comprar Tesla, o mejor podrían llamarse Edison.