
Eurodiputados y burros
Editorial
La constelación de Andrómeda en la que parecen estar instalados nuestros eurodiputados los ha alejado definitivamente del sentido común más elemental. Y es normal. Con sus macrosueldos, prebendas y demás chollos públicos, disfrutan de una realidad paralela que los lleva a ver cosas que solo ellos perciben, como si hubieran ingerido alguna sustancia psicotrópica de forma colectiva.
Si no teníamos bastante con la cantinela de aumentar el gasto militar hasta los 800.000 millones de euros para frenar una distópica —¿invasión?— rusa a todo el continente, ahora nos levantamos con la cómica recomendación de adquirir un kit de supervivencia por si llega alguna calamidad en forma de catástrofe climática, sanitaria y, cómo no, bélica. En unos días alcanzaremos el cénit de la ignominia cuando nos alerten de la necesidad de realizar un simulacro para refugiarnos en el escondite más cercano que tengamos. Y lo haremos sin rechistar, porque de eso se trata: de meter miedo para que el rebaño sea más fácil de manipular.
Bromas aparte, estamos ante una de las mayores vergüenzas que podemos sentir por nuestros bien pagados gobernantes europeos. Han pasado tres años desde el inicio de una guerra-invasión en la que Europa se ha convertido en un simple títere y Ucrania, en un banco de pruebas. No hemos sido capaces de solucionar un conflicto que se ha llevado por delante a mucha más gente de lo que los medios cuentan. Eso sí, lo hemos alimentado con más armamento y más dinero, lo que solo ha servido para sacrificar varias generaciones de jóvenes ucranianos y rusos. ¿Para esto sirve nuestra costosa diplomacia europea?
Y si algo faltaba para evidenciar aún más la insignificancia de Europa en el tablero geopolítico mundial, aparece Trump y se pone a echar unas cartas con Putin para repartirse Ucrania, sin el menor rubor, como antesala de una paz provisional. Ante este escenario tragicómico, nuestros eurodiputados se sacan de la chistera la idea de que Rusia sigue empeñada en invadir el viejo continente, sobre todo ante el probable abandono de la OTAN por parte de EE.UU.
Los mismos eurodiputados que hace apenas unas semanas nos decían que los rusos estaban usando burros para labores logísticas en la guerra. ¿En qué quedamos? ¿Es Rusia realmente una amenaza? ¿O es que detrás de todo esto está el todopoderoso lobby armamentístico?
Ahora mismo lo único cierto es que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se enfrenta a acusaciones de corrupción por haber negociado en secreto un acuerdo con Pfizer para la compra de vacunas contra la COVID-19. La misma que nos dice que hay que armarse a toda costa. Veremos.